Pequeño pez de estanque.

7 ago

Minutos, horas, días…
Eso es lo que has perdido amigo pensando en lo demás y lo que es más importante en como escalar para arrebatarles una ápice de esa felicidad de la que presumen.

Llegados a cierto punto creo que es mejor poneros en situación. La consciencia es una putada nada agradable así que si no quieres una dosis de realidad seguid volando, cerrad esto y suerte con el aterrizaje.

Moralidades que nos hacen querer escalar, mueven nuestros intereses y reducen nuestra libertad. Cualquier sentimiento de envidia suele despertar uno de odio, por mínimo que sea y queridos el odio es capaz de hacer que el hombre más sensato cometa el acto más depravado.
La vida no está llena de comodidades y facilidades para el primero que llega. La comodidad de tu existencia depende de cuanto mucho o poco colabores con el arraigo de las falsas virtudes impuestas. ¿Acaso no es más fácil dejarse llevar por la corriente o incluso coger impulso para seguirla que nadar en dirección contraria? ¿Pero qué pasa si la opción más cómoda no te gusta porque está llena de algas (que en esta metáfora podríamos entender como cosas que no nos gusta hacer pero debemos hacer; como por ejemplo comprar en cierta tienda por su “categoría” y no por su ropa)?

Tengo tanto que darte…Tengo tanto que quitarte…

7 jul

Remordimientos amigos. Eso sentimos casi la totalidad de las
veces que nos sentimos vivos.

El ser humano es amoral aunque para disfrazar su conducta
cree un mundo en el que lo correcto es seguir las normas.

Somos animales, y seamos sinceros, la mayoría de las veces
adoramos comportarnos como ellos más nuestro intelecto naturalmente retorcido
nos hace creer que darse un respiro y bajar el fuego está mal.

“Me siento sucia” es lo que resuena en la cabeza de millones
de féminas, entre las que no me incluyo gracias a Dios, tras lo que vendría
siendo un comportamiento más bien soez y burdo (al menos desde el punto de
vista de los falsos convencimientos morales de esta sociedad) o más claramente
tras una ración de sexo bestial, no de ese que se lleva ahora con la luz
apagada.

“Soy un hijo de puta” suena en la cabeza del hombre que
acaba de ceder a sus instintos más básicos al lado de la ex de algún amigo en
los mejores casos.

 

Pero la verdad amigos es que disfrutasteis, y probablemente
no hubiese sido lo mismo si no hubiese habido nada amoral en ese comportamiento
tan primario y tan… ¿poco humano?

No me digáis que no es irónico y retorcido odiar algo que a
la vez amas. Adorar hacer algo que consciente y racionalmente te repugna.

 

Supongo que son paradojas que nos vienen establecidas.

Malditos Hipócritas.

22 jun

Realmente cada día me sorprendéis algo más queridos
lectores.

¿Tan ruines somos como para hacer daño consciente a lo que
nos rodea por simple placer?

Cuerdamente negareis con la cabeza a la vez que pronunciáis
un rotundo y claro no. ¿Pero esto realmente es así?

Tal que dije la otro vez, el ser humano se mueve por la más
instintiva envidia que podamos hallar en la Tierra por sofocar su más natural
deseo de felicidad.

La pregunta ahora es qué estamos dispuestos a hacer por esa
envidia que en cierto modo nos debería ocasionar felicidad.

Todo, queridos.

Tan solo hay que coger un libro de historia y fijarse un
poco. Y si eso no acaba de convenceros podéis parar a leer cualquier cuaderno
de notas o algo similar que andará perdido por vuestra biblioteca más cercana
(Cuán ilusa al tan solo vislumbrar esta posibilidad).

Durante siglos el hombre ha sido su propio enemigo y no nos
engañemos; eso no cambiará pronto.

Pero bajando con lentitud el nivel llegamos a nuestro
pequeño ecosistema particular.

¿Alguno de vosotros no ha hecho o deseado nunca nada de lo
que se arrepienta a alguien “relativamente” cercano?

Está claro que sí.

Algunos lo llaman pecado natural; yo que me llevo algo peor
con los crucifijos lo llamo sarcasmo emocional.

¿No me digáis que envidiar a alguien cercano hasta el punto
de desear que las cosas le salgan mal no es tremendamente irónico?

Pero es así queridos. Ironías, incongruencias y mucho mucho
sarcasmo.

Es lo que hay.

Envidia.

18 jun

Mueve el mundo. Quieras aceptarlo o no alguna vez en tu vida
has sentido envidia. Y si no es así, tienes un problema.

Las personas se mueven por objetivos, y admitamos que la
mayoría de las veces no son muy humanitarios.

¿Acaso no pasamos horas envidiando la vida de alguien?

Mi teoría es que si miras a tú alrededor y no envidias ni la
más mínima parte de alguien deberías coger y pillar el primer trasatlántico
hacia las antípodas.

Querido amigo, nuestro comportamiento tal hombres de la era
arcaica es simple y por mucho que lo intentemos no cambiara. Nuestro más
cándido inconsciente nos hace desear lo que no tenemos cosa que genera nuestra
más natural infelicidad.

Las formas de entender la felicidad son tan variadas como
cabezas pensantes que andan por el planeta, que aunque son muchas admitamos que
realmente son menos de las que nos gustaría.

Desde tiempos insospechados se intenta encontrar el camino
hacia la felicidad.

Yo desde mi humilde pensamiento planteo una cuestión.

¿Y si lo que buscamos no existe?

Buscamos la felicidad porque creemos que hay alguien más
feliz que nosotros; ¿pero y si ese alguien solo es aparentemente feliz? Ahí es
cuando llega tu verdadero problema amigo.

Pasamos la vida madurando y tratando de avanzar sin darnos
cuenta de lo felices que en cierta medida somos, recuerda que probablemente
alguien (quizá no quién tu quieras, o tal vez sí ¿Quién sabe?) este
envidiándote en ese momento.

Ojo, no malentiendas mis palabras. No estoy animándote ha
caer en la mediocridad y el conformismo; eso sería una tremenda gilipollez por
mi parte. Incito a que avances disfrutando de cada momento que vives; incluso
de los malos. Vivir consiste en demasiado, tanto que muchas veces no podemos
aguantar tal reboso de acciones y por triste que parezca pensar en la
infelicidad de los demás nos genera cierto consuelo en la nuestra.

Probablemente podría extenderme con este tema milenios;
nuestro vil comportamiento es tremendamente reflexivo. Y si no que se lo digan
a las personas que estudian filosofía.

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